miércoles, 10 de febrero de 2010

Cultura, culto y cultedades.


¡Qué palabra tan elevada! Como soy un snob, me autodenominaré culto antes de comenzar a escribir. ¡Qué sensación, caray! Sentir que puedo decir lo que se me pegue la gana simplemente porque soy culto. Pero oh sorpresa, que cultura es una palabra derivada del latín que es el resultado de cultivar. Al principio de los tiempos de esta noble palabra, simplemente se utilizaba para denominar lo que crecía de la tierra luego de que un campesino se ponía a sembrar semillas para obtener frutas, verduras o lo que fuera.

   En la actualidad, esta palabra, patrimonio de la lengua, se ha convertido en un juego gracioso en donde es más culto quien sabe más, quien escucha la música más extraña, quien lee los libros más gruesos y con más palabras rimbombantes, quien ve películas de la vida campestre en Alemania a principios del siglo XX. Temo decepcionar a toda esa banda bonita y engreída y decirles que ¡no! La cultura es de todos, cualquier cosa que haya surgido de los seres humanos es digno de ser llamado cultura.

   Alguien que no sepa quien fue Ignacio Allende pero sepa hablar de modistas, diseñadores, zapatos y cualquier n cantidad de circunstancias del mundo de la moda no es inculto, solamente se especializa en un área que no es la historia, por más elemental que ésta pueda parecernos a toda la gente que nos indignamos de situaciones como la descrita en este párrafo. Sinceramente, desde el fondo de mi corazoncito lo digo, la cultura es algo sin igual, algo que puede enchinarle la piel a cualquiera. Tener la certidumbre de que somos de la misma especie que Mozart, Hopkins, Gates, Dolce y su amiguito Gabbana y todos los personajes que han marcado la historia y contribuido a la cultura de una u otra manera.
Sabernos personas culturales es un mundo como este es definitivamente algo digno de admirarse. Ver la cantidad de volúmenes de enciclopedias que se han escrito, todos los lenguajes del mundo, la comida, bebida, costumbres e incluso filias; todo es cultura y genera la diversidad en la que se sustenta la humanidad, sustento en el que se evita el tedio y aburrimiento, propiciando a su vez el surgimiento de nuevas y cada vez más sorprendentes manifestaciones culturales.

   La cultura es maravillosa porque está hecha de todo, absolutamente todo. Cualquier cosa que se imagine usted, querido lector, es cultura. Desde cepillarnos los dientes hasta los látigos y dildos que su vecina tiene bajo su cama. Todo pasó por un proceso de humanización e interiorización que gracias a lo grande que está la tierra, la cultura es esencialmente parecida en todo el mundo pero tiene grandes diferencias que hacen única a cada una de las civilizaciones.

   Debido al tratamiento que ha tenido el concepto de cultura en nuestra sociedad, éste concepto tiende a convertirse en algo más elitista, desligando la cultura generada por todo el resto de las personas, que ya ha comenzado a desligarse mediante la adaptación del concepto “cultura popular”. Pronto sólo será cultura todo lo snob que no pertenece a las masas, pues en cuanto se masifica algo pierde todo su “glamour” y no es digno de seguir siendo incluido en el exquisito y exclusivo reino de la cultura.

   Está en nuestras manos impedir que la cultura se vuelva un objeto de lujo. Debemos mantener las costumbres y la denominación de cultura para todo aquello relacionado con la esencia humana y su manera de expresar la individualidad que la caracteriza, pues sin ésta las personas nos volvemos animalitos silvestres sin rastro alguno de raciocinio ni trascendencia. Esto último fue, es y será de los puntos más importantes de la cultura, pues mediante ella podemos decirle a los que seguirán después de nosotros quienes fuimos, qué hicimos y qué queríamos enseñarles para sobre ello construir una mejor experiencia humana y, por qué no, demostrarle a todo el universo que somos unos grandísimos egocéntricos: por eso la sonda Voyager 1 viajan discos de oro con un resumen de la cultura del mundo rumbo al espacio interestelar, para que alguien más sepa que alguna vez en el Sistema Solar en el Brazo de Orión de la Vía Láctea existió una civilización que se creyó el centro del Universo.

Referencias:

Bauman, Zygmunt. (2000). Modernidad líquida. México: Fondo de Cultura Económica.

Comunicación, blablabla y cosas gachas.

Voilà ! No podría escribir sobre algo más acertado que con el tema principal de mis estudios y, definitivamente, de mi vida futura. Empezando como en la primaria y para no perder la costumbre de sobajar un poco esta carrera donde tenemos fama de “holgazanes buenos-para-nada futuros desempleados” veamos el proceso básico de la comunicación.

   La comunicación posee algunos elementos básicos: emisor, receptor, canal, código, mensaje, codificador, decodificador y ruido. Es un proceso de los más hermosos que hay, pues constituye una de las principales diferencias entre los seres humanos y el resto de los seres vivos; auque muchas veces no debemos sentirnos del todo orgullosos de estos asuntos porque así como la comunicación supone avances en lo humano, provoca deshumanización porque al realizar estos procesos generamos diferencias de posturas e ideologías propiciadas por pensamientos abstractos de difícil consenso.

   Desde el inicio de los tiempos los seres humanos han tenido la necesidad de comunicarse, sólo que había un pequeño problema: no había cómo hacerlo. A partir de ahí surgieron las primeras lenguas que permitieron decirse los unos a los otros lo que era necesario, pero de todos modos existía el problema de la impermanencia del lenguaje, pues la palabra hablada es efímera y se distorsiona al momento de la retransmisión debido a distintas circunstancias, pero es el proceso natural de la comunicación de este tipo. Dando respuesta a estos problemas se fueron inventando maneras distintas de escribir, desde la cuneiforme sumeria, pasando por la ideográfica china y japonesa hasta la fonética latina, que dio origen a nuestro alfabeto con el que de manera tan coqueta estoy escribiendo en este momento.

   De ahí en adelante todo fue una espiral vertiginosa de avances en la que cada vez los cambios se iban acelerando más y más, con la invención de la imprenta, la rotativa, los libros, las microondas, satélites, celulares, radiolocalizadotes, GPS, aviones, trenes, barcos transatlánticos, submarinos nucleares, automóviles, teléfonos satelitales… Internet. Actualmente todo va avanzando a pasos agigantados, rápidamente, en un mundo en el que un parpadeo puede hacer que pierdas el ritmo y te rezagues, resultando inútil para el resto del mundo y la sociedad.

   Con esto podemos darnos cuenta de la tendencia que se vive en el mundo de la comunicación: deshumanización, inmediatez, recorte de distancias y una experiencia multimodal en cuestiones de comunicación más rica y provechosa. Todo esto tiene sus puntos a favor y en contra, y por más que grupos tradicionalistas y más inclinados al lado “analógico” de la tecnología nos opongamos a la pérdida de las máquinas de escribir, las cámaras fotográficas de película y todas esas chunches, el avance no se detendrá y al final todos esos avances que en su tiempo fueron revolucionarios se convertirán en objetos de colección o para uso exclusivo de los románticos empedernidos que no quieren desprenderse de ellas o, en el mejor de los casos, como un complemento para la tecnología.

   Los adelantos en la comunicación, sobre todo en las plataformas electrónicas han provocado que la juventud se vuelva “multitarea”, hacen muchas cosas al mismo tiempo, están al pendiente de todo, leen, escriben, revisan, hablan, escuchan, todo en el mismo momento. Al hacer esto se pierde contacto con las personas y es donde surge el principal problema de la comunicación actual: la deshumanización. Cada día parecemos más robots, androides que andamos por la vida creyendo que podemos hacerlo todo, y efectivamente, podemos hacerlo todo, pero no con la misma calidad y conciencia con la que se hacía antes. Gracias a la comunicación es muy fácil encontrarlo todo, nos hemos debilitado cerebralmente y creemos que todo en la vida es así de fácil. Sea como fuere, en todo esto hay negocio, un negocio del que no podemos escapar y con el que por el simple hecho de acceder a una red de Internet inalámbrica estamos contribuyendo.

   Cabe destacar que al hacer este ensayo estaba escuchando música, usando Twitter, Facebook, Myspace, Messenger y además leía un artículo sobre la Secuencia de Hubble para la clasificación de las galaxias.

Referencias:

Bauman, Zygmunt. (2000). Modernidad líquida. México: Fondo de Cultura Económica

Sun, S.. (2009). Communication for Development and Social Change. Journalism and Mass Communication Quarterly, 86(2), 453-454.  Obtenido el 10 de febrero de 2010, desde ProQuest Education Journals.

Invictus.

Es una película lanzada en 2009 dirigida por Clint Eastwood que trata del principio del mandato de Nelson Mandela (Morgan Freeman) en Sudáfrica, un país marcado por una política racial ácida y segregacionista en la que la minoría blanca tenía los mayores privilegios entre la población mayoritariamente negra. Mandela fue el activista gracias al cual se abolió el Apartheid y se originó una convivencia igualitaria entre blancos y negros rumbo a una Sudáfrica progresista y moderna.



   La película comienza con la ascensión de Nelson Mandela al poder, con videos originales de su toma de protesta, de las filas multirraciales de votantes y de las manifestaciones llenas de algarabía en las calles de las principales ciudades de Sudáfrica, contrastada también con el advenimiento de un cisma entre blancos y negros mucho más marcado, ahora siendo los negros quienes querían imponerse a los blancos. Con este oscuro panorama, Mandela sube al poder e intenta de todas las maneras que están a su alcance unir a la población. Sus políticas conciliadoras no fueron bien recibidas al principio por la comunidad negra, pues tenían la esperanza de tomar Sudáfrica sólo para los negros, tratando a los blancos como una minoría discriminada.

   La película gira alrededor de François Pinaar (Matt Damon), quien es el capitán de los Springboks, el equipo nacional de rugby de Sudáfrica. Para los negros, este equipo representa el Apartheid y quieren cambiarle el nombre y el uniforme, pero Mandela toma la arriesgada decisión de mantener el equipo tal y como está y mediante éste, unir a todos los sudafricanos. Mandela hace llamar a Pinaar para decirle que a pesar de lo malos que son jugando rugby, deben esforzarse por ganar el mundial, cuya sede sería Sudáfrica, y de esta manera romper la barrera entre negros y blancos bajo el surgimiento del rugby como un deporte nacional.

   El equipo comienza a entrenar más duro para lograr la encomienda del presidente y a hacer giras por Sudáfrica haciendo clínicas de rugby para los niños bajo la campaña “One team, one country” (Un país, un equipo). El equipo se pone reacio a aceptar la medida, pero como el capitán es el que manda tienen que ceder.

   Poco a poco las barreras raciales van disminuyendo al interior del equipo y, al mismo tiempo, entre los escoltas del presidente pues se les incorpora un cuerpo de guardaespaldas blancos que al principio causan fricción pero después se les puede ver jugando rugby en las inmediaciones de la casa presidencial.

   Finalmente llega el mundial de rugby, en el que el equipo empieza a ganar los partidos, lo que va dándole la confianza del pueblo y va uniendo a los sudafricanos hasta que los Springboks llegan a la gran final contra Nueva Zelanda, un equipo aguerrido, en el que se pierde por un momento la esperanza.

   El juego final es intenso y mantiene al espectador al borde de su asiento, haciendo uso de herramientas clásicas del cine como son la cámara lenta, los close ups y la dramatización musical, proporcionando una atmósfera tensa que termina con la victoria de Sudáfrica y la alegría de los sudafricanos: unidos, negros y blancos, celebran en las calles la victoria de su equipo.

   Esta película brinda un panorama de la presión que se vive –aún en la actualidad- en Sudáfrica gracias a todos los años de segregación racial en éste país. Es una cinta muy descriptiva en ese sentido porque genera una identificación de quien la mira con la opresión vivida por la población negra en éste país, generando sensaciones de impotencia y felicidad alternadas a todo lo largo de la película. Sea como fuere, cada día van acercándose más a la anhelada integración, donde todos jalan parejo y en pos de su país, como lo llamó Nelson Mandela, “El país del arco iris”.

Fuente de apoyo:
Invictus (2009). Obtenida de http://www.imdb.com/title/tt1057500/